¿Quién dijo que era fácil?

Amaneció con el cielo poblado de estrellas, cerramos la puerta, miramos a nuestro alrededor, en estos tiempos el peligro acecha por todos lados, nos dirigimos rumbo al parque, el tiempo parecía desaparecer, los mismos arboles, las casetas, la gravilla, la gente caminando o trotando me hacían pensar mucho. Mientras más vueltas le daba, mas agotada me sentía, en honor a la verdad, he perdido la costumbre de caminar en las mañanas… pero que más da a esta hora debo estarme alistando para ir a trabajar. Ciertamente es admirable ver a todo el mundo tan temprano y con tanta energía, las mujeres, los hombres, los jóvenes.
Empiezan los autobuses a salir, la gente hacia el colegio, hacia la universidad, me siento ajena a todo esto, el estado de vacaciones provoca una desconexión total de todo cuanto ocurre. Algunas sorpresas en el camino, si malas sorpresas, mi madre me informa que debo completar diez vueltas.
Tras la vuelta número cuatro, había un señor sentado en el banco principal, no podía apreciarlo bien pues llevaba una gorra, me causo mucha curiosidad verle allí, yo sentí que me miraba. Todo esto me hace cuestionarme, sabrá el lo que estoy pensando, sentirá lo que estoy sintiendo, es cansancio definitivamente, pero… si acabo de despertar, es irónico, aun así continuamos con otra vuelta. Al pasar por enfrente de él, me mira de nuevo, mi madre quien ha sido mi compañera en esto, se va mas a prisa que yo, me dejo atrás, me da vergüenza soy más joven, pero ella tiene energía incomparable, yo quisiera ser así.
Allá a lo lejos la veo y me detengo no puedo continuar me flaquean las piernas, me falta el aire, quiero dormir es más fácil, cuando el camino se pone duro es cuando uno quiere tirar la toalla y sentarse en la banca a ver los otros pasar, no pude ser la excepción. Decidí sentarme en la misma banca donde hace rato había visto al señor, tal vez podría hablar con él y no aburrirme, pero cuando me senté el ya no estaba, ¿A dónde se había ido?.
Me empiezo a sentir extraña cuando todos pasan y me ven ahí, incluso mi madre, pero la sorpresa fue cuando el señor de la banca me pasa por el lado, me mira como si se burlara, y me dijo ven vamos arriba, ¡vamos!, pero yo mentí y dije que había terminado, no tuve la fuerza para volverme a levantar seguí mirando a los demás correr.
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