Mi helado y yo

Tocaba reunirme con varias personas, algo usual en estos tiempos, donde la prisa, y las reuniones son el pan de cada día, no es tan fácil como antes, andamos a mil por hora en una vorágine que no cesa, por suerte, solo tuve que esperar por espacio de quince minutos. Mientras estuve ahí me dirigí a observar algunas vitrinas cercanas y por fin llegaron.

Desde que salí de mi casa, estuve pensando que era un buen día para charlar y tras prolongarse por una hora la reunión, el grupo decidió marcharse. Después que se fueron, me faltaba completar algo, no sabía qué hacer pues no quería regresar a la casa, entonces, entre al puesto de helados, tuve que esperar bastante, mientras la dependiente le vendía a otras personas, cuando toco mi turno, me tome la libertad de elegirlo con sumo cuidado, aunque ella no estaba con muchas ganas de atender ese día, no le di importancia, “yo” simplemente me estaba tomando un respiro, pensándolo bien, hubiese preferido tomarlo con alguien, pero ahí estaba yo, no quedaba más remedio que charlar conmigo, me dirigí hacia el área de las mesas y me dedique a disfrutar el helado que había elegido con esmero, tan pronto me senté a degustar ese pequeño pedazo de cielo, me detuve y se detuvo el tiempo.

Me volví invisible, vaya sorpresa: nadie sabía de mi y tampoco de mi helado, ni siquiera el sabor de las ciruelas, la fresa y el chocolate eran tan emocionantes como sentirme así, aproveche ese estado para explorar más, me acerque a escuchar la conversación de la mesa de enfrente era una pareja que discutía sobre muchos asuntos y por ratos levantaban la voz, pero yo seguía inerte, quise decirles que no era necesaria aquella trifulca en público pero ciertamente no me iban a escuchar, me levante y me fui. A mi derecha unas jóvenes estudiaban sobre contabilidad, algo aburrido para mí, doy un giro y en frente estaba la pantalla de una televisión, no pude evitar mirarla, me perdí por espacio de cinco minutos.

Pude sentir esa sensación tan especial, algo nunca visto, era genial empecé a vagar por el aire me fui reduciendo hasta quedar convertida en nada, escuchaba atenta todas las historias que allí se realizaban al punto de que me aturdí, lastima algo empezó a fallar: mi helado se está terminando, me dan ganas de comprar otro y seguir siendo invisible, pero las mejores cosas no tienen repetición, son únicas, y en este caso preferí que él y yo nos quedáramos con esta historia, el consumido por mí y yo transparente para los demás. No queda más remedio que mirar el envase con cierta nostalgia dirigirme al zafacón más cercano, bajar las escaleras y marcharme.

Publicación Original:
http://espectador-a.blogspot.com/

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