Duende

Una noche inolvidable se caracteriza por envolvernos con su magia, sumado a circunstancias diversas se vuelve aun más complejo. Sin lugar a dudas esa noche tenía un hilo fino del cual se podía uno enganchar fácilmente. Cerca de las 9:30 de la noche llegamos al concierto de una de las mejores voces del blues y el jazz, Patricia Pereyra, estuvimos fuera por espacio de una hora, conversando y esperando una amiga, que tambien venia a disfrutar del concierto.
Al entrar nos sentamos tranquilamente, pero solo tuvo que pasar un corto tiempo para que hiciera acto de presencia un personaje poco común. Tan pronto entro en la sala, se hizo notar, pero no solo por su apariencia física, sino también por su estruendosa voz. Uno de los participantes en el concierto le dijo que bajara la voz y él le respondió:
– Tengo derecho a decir lo que yo quiera, esto es de libre expresión. Evolution, Evolution. Exclamó.
Desde ese momento el personaje no paro de hablar y en medio de todas las canciones tarareaba, agregaba frases, lloraba, reía, exclamaba, les confieso que por su ubicación tan cercana a mí, no podía pasarlo desapercibido.
Fallaron las luces por un momento y se refirieron a un tal Héctor, el salió disparado a buscarlo.
No puedo negar el gran alivio que sentimos todos cuando salió, llegamos a pensar que no volvería a entrar, pero esa felicidad duro poco, porque al cabo de 10 minutos regreso a la sala y se volvió a instalar delante de nosotros, esta vez más activo, para continuar con el drama, al punto de intentar encender una pipa, en un aire acondicionado. La coordinadora del evento tuvo que intervenir inmediatamente, se sentó a su lado y logro calmarlo hablándole tranquilamente, la seguridad del evento ya estaba al tanto del problema y lo mantuvo en la mira.
El problema se agravo más cuando intentaron sacarlo a la fuerza y uno de los miembros de seguridad rebaso los límites al hacerlo por su larga trenza de canas, algo que nos indigno a muchos quienes tuvimos que intervenir para que no pasara a mayores. El sonido de la música era tan potente que evito esta trifulca fuese escuchada y empañara el concierto. Varias de las personas de esa fila se pararon para que el saliera, el señor se paro como si se fuera, pero vaya sorpresa tan solo se cambio de asiento, esta vez más cerca de la tarima. El duende como fue llamado se quedaba en total calma por cortos espacios de tiempo y de repente se encendía como una chispa.
Para cerrar con broche de oro, el insistía en que la artista de la noche cantara su tema Azul, lo hacía con tanta insistencia que un señor del público le dijo: Deje que la artista se exprese y cante lo que ella quiera…
El concierto concluyo de forma espectacular, imaginaba que todo seguiría normal y el sobresalto también había terminado, pero no fue así. Saliendo del teatro observamos un movimiento extraño, aproveche para ir a saludar a la artista principal, y uan nueva sorpresa, el señor se coló al camerino y estaba sentado justo al lado de ella. Les puedo resumir diciendo que salió al cabo de un rato y fue difícil que abandonara el lugar de la presentación.
Este señor nos hizo vivir una historia paralela a los espectadores que disfrutamos del espectáculo de arriba de la tarima, como del que aconteció debajo. Algo cierto esa noche “Los duendes estaban sueltos”.
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