Peripecias Citadinas

Los inicios son difíciles, pero si consigues que funcionen correctamente, bajo la estrategia de desenredar algunos hilos y desviando la atención hacia algo nuevo, todo resulta más fácil. 

Reunirte con personas que aprecias en el inicio de año es algo interesante, y  más si nos envolvemos en episodios característicos, esto sumado a ser  peatona en Santo Domingo y en cualquier parte del mundo, me añaden un valor especial, pues te permite vivir circunstancias impensables.

Lo grande del caso es que ahora me preocupa demasiado la seguridad,  realmente nos debe preocupar a todos. Hace unos meses me encontraba en Puerto Plata, cumpliendo con asignaciones del trabajo y  frente al parque central accedí a subirme a un Motoconcho*.  Les confieso que las piernas me temblaron, el camino entero le fui dando instrucciones de cómo guiar, usar el casco, controlándole la rapidez, que si esto o lo otro.

Disfruté la  brisa agradable de la noche, aunque el corazón latía a mil por hora. Todo salió bien porque  llegamos sanos y salvos al centro comercial, próximo al Malecón. Cabe destacar que en mi casa siempre tuvimos una motocicleta, hasta que  un buen día mi padre llego a la casa con  “El suspiro”, ese “Datsun 120 y” que nos mantuvo en pie y merece una biografía.

Ahora me pregunto le habrán servido de algo mis instrucciones al motorista esa noche, porque la primera y última vez que conduje una motocicleta  (esto no significa que no montare uno, yo sola de nuevo) terminé estrellada en un cercado de alambre de púas frente al colmado de mi tío, en pleno jolgorio, un 24 de diciembre, cuando mi reloj biológico marcaba 17 años.

En los carros públicos* la situación es diferente, eso amerita hacer un manual. Que les digo de los taxistas que muchas veces te sorprenden por la confiabilidad y el buen servicio y otras veces por lo extraño e inverosímil de su trato.

Retomando la idea principal de este relato, ayer nos disponíamos a salir y como de costumbre pedí un taxi que no tardo ni dos minutos en llegar a mi casa.  Se la pasó saludando a todo el que veía,  y de inmediato me comenzó a interrogar sobre un vecino del que no tengo ni la más remota idea.

Entre los efusivos y característicos saludos del susodicho, el más extraño fue el que hizo a una señora en una yipeta*. Ella iba con su sombrero de domingo, su familia a bordo, mientras él la saludaba efusivamente como si se tratara de alguien muy cercano, le termino preguntando que si estaba de paseo, ella le respondió algo, que yo no entendí.

El joven del taxi no perdía ni un instante en ofender a las mujeres que se encontraba en el camino y me pregunto:

-Porque si tú ´le dice a la mujeré cosa bonita, ella no te hacen caso,  pero si é algo malo diunavé te miran.

Preferí quedarme callada, no tenía ánimos de hablar, pero el insistía en  hablarme de cualquier forma y me preguntó que de donde era, le dije que del Cibao*, pero había crecido en Santo Domingo.

Me dijo que él lo dedujo por mi forma de hablar…me quede atónita porque me siento orgullosa de mis orígenes, pero nunca me habían dicho que hablaba con la (i). Lo deje pasar, porque la verdad esto  me causo mucha gracia.  Llegue a mi primer destino y decidí abordar otro taxi para no seguir con él, al desmontarme me entrego una tarjeta, para que le volviera a llamar, que por supuesto fue a parar al zafacón, olvidé informarles que ser radical es mi estilo.

Llamamos otro taxi y esta vez nos informaron que la unidad era gris, relacionamos el color del otro taxi y decidimos cancelarlo para que no se apareciera el mismo tipo.  Reaccionamos tarde porque al salir a la puerta la unidad gris estaba ahí, y no era precisamente el taxista era nada más y nada menos que la señora de la yipeta* con su sombrero, su radio y todo el equipaje a bordo.  Después de titubear un poco decidimos irnos con ella. Una vez en el asiento trasero descubrí su calma, sus baladas de amargue, desengaños y por supuesto sus afanes.

El trayecto fue intenso.  Hasta salió en la radio una de esas canciones resonadas de mi infancia,  y que nadie imagina me gusta. No le vimos la cara a nuestra chofer, pero sin embargo yo no olvidó su sombrero.
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  • Cibao: Es una región de la República Dominicana, ubicada en la parte norte del país. La palabra taína “Cibao”, que significa “lugar donde abundan las rocas”, fue originalmente aplicada a la Cordillera Central, y se utilizó durante la conquista española para referirse al valle rico y fértil entre las cordilleras Central y Septentrional.
  • Yipeta: Aquí el significado 
  • Carro Público: Transporte público colectivo de pasajeros utilizados en República Dominicana, con más auge en las ciudades principales, Santo Domingo y Santiago.
  • Motoconcho: Transporte público de pasajeros, que realiza en una motocicleta.


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