Transición al Sur

Ahora mismo estamos disponiéndonos a dormir, pero resulta que haciendo una retrospectiva de los últimos 8 días, la vida nos ha dado un giro extraordinario.  Llegamos a Santiago, todavía con la luz del sol, era increíble ver desde la ventana del avión el desierto de Atacama, por cosas del destino, es decir, errores que comenten las agencias, nos toco en clase alta, imagínense, una persona que se ha montado en banderitas, carros públicos, moto-chochos, clase turista, ahora le tocaba nada más y nada menos que en clase alta con todos los powers, como decimos en Dominicana.
No me imagine que llegaríamos tan rápido, la última vez que estuve por el sur hace menos de un año, llegue de noche, pero esta vez en una estación diferente, sentí mucho calor, y para colmo el gran peso de todas las maletas que traía conmigo, ni decirles de Ingrid, mi compañera de viaje que traía muchísimas cosas también.
Nos montamos en un transfer, algo así como un minibús de 8 personas que nos trasladaría desde aeropuerto hasta el hostal donde nos quedaríamos por cuatro noches, el nombre del hostal es muy extraño, se llama Kasatobalaba, que decirle, el nombre es complejo pero mucho más el lugar, cuando bajamos del transfer, nos llevamos una tremenda sorpresa, mis maletas no estaban.  Realmente no puedo negarles que me dio miedo, imagínense es prácticamente una mudanza y aunque no traje un equipaje tan grande, lo que estaba ahí representaba un porcentaje importante de mis pertenencias.  

Quien nos atendió, fue un alemán muy joven que trabaja allí de repente y en medio de la confusión nos presenta a su novia quien es dominicana y nos ayuda con las llamadas telefónicas. Me empecé a resignar por la perdida, ya que no estaba segura de lo que había pasado. Nos ubicamos en la sala, mientras que la mayoría veía el festival de Viña del Mar.  Un joven residente en el hostal nos ayudo bastante, porque hizo unas llamadas al aeropuerto y al cabo de una hora nos enteramos que habían encontrado dos maletas con la descripción de las mías. Sentí un alivio enorme, puede dormir con cierta calma, aunque hasta no verlas al día siguiente en la puerta no estuve tranquila.
Centro Cultural Gabriela Mistral
Todo comenzaba a marchar con normalidad, realmente el lugar era un poco incomodo, nos quedaba de frente la ardua tarea de conseguir un lugar económico y decente donde vivir.  La primera salida fue hacia la Embajada, imagínense a tomar micros, metros sin saber nada, pero por suerte contamos con mapas y con herramientas increíbles, como el google earth, las cuales nos ayudaron bastante.  

Una vez en la Embajada Dominicana en Chile nos encontramos con la agradable sorpresa de un sentimiento de hermandad, el lugar es una casona con un jardín, una piscina, varias habitaciones y su alma es Greicy, una dominicana que conserva mucho de los nuestro sentir, pero que no deja de mencionar la palabra “Que rico” muy característica de los chilenos, al parecer se le ha pegado.
Una vez allí recibimos recomendaciones de muchas de las personas, sobre mejores lugares para vivir, donde obtener un aparato telefónico, en fin… sin nos quedábamos allí nos íbamos a ir a las 7:00 p.m. ya que los Dominicanos tenemos una particularidad y es que hablamos hasta por los codos.
Los dos siguientes días transcurrieron entre caminatas, más caminatas, charlas, conexiones a internet, algunas lágrimas, comparaciones territoriales.
El lunes fue el día más pesado realmente nos toco hacer la fila más larga de nuestra historia, 4 horas, porque necesitábamos obtener nuestra cedula de residencia. Ya las piernas no me daban y la gran cantidad de actividades apenas iniciaban porque en la tarde nos dispusimos a mudarnos a una casa, ubicada muy cerca de la universidad, ofrecieron ir a recogernos y todo, me extrañaba un poco que el precio era bastante bueno, para todo lo que nos ofrecía.
Centro Cultural Gabriela Mistral
Recién nos entregaron las llaves ocurrió algo inesperado, hablando en el balcón y no sé cómo se salió una de mis llaves de la argolla y fue a parar al jardín, me sentía muy apurada y hasta vergüenza sentí, pero inmediatamente los dueños muy amables me consiguieron otra. Me estaba preocupando ya todos los detalles a los que tenemos que estar pendientes cuando estamos en un país que nos es el nuestro porque realmente las cosas se complican.
No se imaginan la emoción que sentí al ver una greca de café, que dejaron unos dominicanos residentes en este mismo lugar, no había tomado ni un sorbo desde que llegue y por tradición familiar esto es algo básico para mí.
Para colmo ha ocurrido algo inesperado por mi y es que me han confundido cientos de veces con chilena, a juzgar por mi apariencia, entiendo un poco cual es la razón, pero es un poco incomodo, ya que me siento orgullosa de mis raíces. Por cierto el lugar donde estamos viviendo es muy agradable, justo ahora desde donde estamos alguien está tocando un saxofón, y el jazz invade nuestra habitación.
Desierto de Atacama, desde el avión

Ya hemos ido a la universidad, a conocer algunos lugares, no había tenido tiempo, ni ganas de escribir esta pequeña introducción y recuento de lo que ha sido de mi vida en estos días. Realmente con los días hemos visto que existen diferencias culturales, pero nuestro país para mi sigue siendo  increíblemente rico y encantador.
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