Un nuevo hogar

Hace días que estoy por escribir algo y el tiempo se me va de prisa, realmente no puedo traer a colación una  hipótesis certera de porque está sucediendo esto.Todo esto es un conjunto de escenas puntuales,  muy diversas.  Me he dedicado drásticamente  a descifrar el código secreto asociado a esta nueva etapa de mi vida y la verdad es que entiendo que todo está sucediendo por alguna razón especifica y claramente se cual es, pero saben,  no me había detenido a pensar que mis letras se han esfumado prácticamente por espacio de cuatro semanas (Eso es mucho decir).
No  se rían si de repente comienzo a hablar como Chilena, imagínense ya van dos coincidencias de identidad un poco pintorescas: Tengo los ojos chiquitos y redondos como ellos y nací casi el día en que celebran su independencia, pero bien esa es otra historia, como me dijo una amiga, si  ella estuviera de visita en la India no se sentiría como extranjera, yo aquí siento lo mismo, solo se dan cuenta cuando hablo y sale a relucir el acento caribeño, tan marcado, por ejemplo la frase:
Ya tu sabe, es la marca que nos identifica.
La verdad es que ha iniciado una nueva transición dentro de otra, estos dos meses han sido por sobre todo exageradamente intensos, muchas caras, muchas letras, muchas imágenes, mucho corazón envuelto en nostalgias.
“Esto es parte de la vida”, me autorepito tanto en la cabeza, al punto de quedar sorda y no escuchar absolutamente nada.
En este preciso momento estoy observando el cerro San Cristóbal desde mi ventana, y debajo de él se ven cientos de recuadros multicolores brillando,  las alturas suelen ser algo interesante, principalmente por  ese sueño que yo venía construyendo desde muy temprana edad.  Estamos en una comuna  diferente a la que residíamos al llegar, me siento bien por esta elección, ya me estoy contagiando de estos colores intermitentes en este piso 17 .
Estoy traduciendo cada una de las partes de este mi nuevo hogar, el cual comparto con una compatriota y amiga muy querida.  Llevamos varios días bien agitados, entre el traslado y las clases el tiempo vuela a una velocidad inesperada, por suerte ya se ha retrasado el reloj y estamos a la par con Dominicana.
Algunos detalles trascienden más que otros, por ejemplo el señor de la portería es tan parecido a un amigo de la familia que visita mi casa todos los fines de semana. Don Manuel y los demás encargados de cuidar el edificio, nos han tratado de maravilla,  esto ha sido así desde esa tarde en que entramos preguntando si tenían arriendo.
Vista desde nuestro departamento, Santiago de Chile
No se imaginan como fue el día de la mudanza, sin temor a fallar en la descripción, un viernes extenuante y agitado. Estoy sentada aquí en nuestra nueva sala, quien sabe que historias se habrán tejido en este lugar mientras lo construían, que pensamientos flotaban en el aire,  (Me estoy distrayendo al mirar por la ventana, disculpen).
Debo agradecer una decisión correcta realizada por mi alma y fue empezar a practicar yoga, para poner en orden aquellas cosas que no encajaban, es una nueva forma de enlazarme con el centro de todo lo que soy un ser humano.
Es una noche mágica, aunque me duele un poco la garganta, lo más probable es que sea por el smog, estos últimos días el frio ha golpeado nuestra sangre antillana. Si abro la puerta que da hacia la galería sería el equivalente a prender un aire acondicionado.
Nos costó mucho trabajo encontrar este lugar, no tenemos muebles es la verdad, apenas dos camas, y lo indispensable para la cocina, claro eso es por ahora, más adelante tendremos otras. En honor a la verdad, me encantaría tener un pilón en la cocina para poder majar/aplastar el ajo y otro para los plátanos, por cierto en el rincón peruano, una especie de colmado muy cerca de aquí,  encontramos nuestro preciado orgullo nacional, El señor plátano.
 El otro día cuando fuimos  a subir al metro nos encontramos con tremendo problema, habían cerrado unas cuantas estaciones y el caos fue el protagonista de la mañana. Esto fue una probadita de que no todo es tan bueno en un país que está más adelantado que el mío, en cuando a organización por lo menos. Nosotros allá tenemos corazón, sabor, alma, espíritu y un condimento de hospitalidad capaz de hacer regresar una y mil veces cualquier transeúnte del mundo.
… Se me esfuma el tiempo pensando en lo que podrá pasar mañana, esta parte no la conozco, mientras tanto me dedicare a caminar por un sendero en el que solo puedo mirar hacia delante llevando en las manos un puñado de suerte y en mi corazón el amor por todos aquellos que como ustedes me aprecian sin mediar ninguna barrera como la distancia.
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