QUIETUD

Aún es invierno, abro los ojos; miro por la ventana y todo parece ficticio. La verdad es que hacer un magister o post-grado, como le quieran llamar se ha convertido en una experiencia increíble, hoy por ejemplo me toco ir junto con mis compañeras a una comunidad llamada Isla de Maipo, al sur de la Región metropolitana de Santiago.  La zona se me parece bastante a mi ciudad natal, Jarabacoa, quizás no se parezcan en nada, pero ambas tienen un aire primaveral, dan la sensación de frescura. Despertar esta mañana con el frio de agosto, solo me hace pensar en el café y en la llegada de la primavera, pero todavía no corresponde, porque todo llega a su tiempo.
El trayecto fue increíble, la conversación fue bastante agradable. Tan pronto llegamos a la municipalidad para conversar con las  autoridades retrocedimos  un poco en el tiempo, de hecho la vida es así nos va llevando de atrás a delante y de adelante hacia detrás. Las personas que nos recibieron, nos trataron muy bien, nos prestaron hasta un libro para hacerle fotocopias, nos recomendaron hasta el lugardonde hacerlo. Nosotras agradecidas por todo, salimos hacia la calle y nos encontramos efectivamente con una tienda pequeña, tipo colmado*. En esa tiendita había de todo, desde revistas, hasta hilo para coser…quizás para seguir cociendo los retazos…
Las personas que atendían el lugar eran dos ancianos, parecían esposos, pero eso no lo sé con seguridad. El señor muy gentilmente tomo el libro y nos pregunto cuantas copias necesitábamos. Vi la tarea un poco difícil, por la cantidad de páginas y por la calma que mostraba este señor. El lugar, la antigüedad, en fin todo, te hacía sentir como en una capsula donde todo se realiza en cámara lenta. El señor tomo el libro y comenzó a fotocopiarlo muy despacio, tomando en cuenta que se trataba de tres copias, lo empezó a hacer con toda la calma del mundo.
Llegó un señor con apariencia de ser…digamos que abogado, parecía muy apresurado; también quería hacer unas fotocopias, por suerte en el local había otra más pequeña que manejaba la señora. Pero sucedía algo y es que justo cuando él llegó, la señora me estaba atendiendo a mí. El personaje impaciente, andaba de prisa, mientras que ella con inmaculada calma, me vendió, hizo la factura y luego me devolvió sin que nada la inmutara. El caballero notablemente desesperado le reclamo y ella le respondió:
– Discúlpeme, pero yo solo puedo atender a una persona a la vez.
Eso me causo una mezcla de impresión y admiración, era obvio que de joven ella era batuta y constitución. Después de eso yo no quería ni acercármele, pero al calcular mi vuelto, note que se había equivocado y me correspondía más dinero, a lo que tuve que volver a hablarle. Imagínense ya estaba intimidada con ese carácter, pero no me quedaba más remedio que decírselo. Para mi sorpresa, ella con una sonrisa súper agradable corrigió el error y me devolvió el dinero faltante.
Habían pasado unos veinte minutos desde que llegamos y ya habíamos inspeccionado la tiendita de arriba abajo. De repente el señor acabo con las copias, recogimos las cosas, nos despedimos y salimos a almorzar.  Ya en el centro de la localidad, vi de lejos a la señora, esperando el transporte público. No sé explicarles lo que sentí en ese momento, pero fue como un aire diferente, una calma inusitada y el corazón gritándome que debía compartir esto.  
Andamos por la vida, desesperados, convulsos, llevándonos (supuestamente) el mundo por delante, pero el mundo sigue girando de la misma forma, las cosas cambian, se transforman, nos cuentan cosas que dejamos de lado por andar en este vaivén.  Nos hemos colocado un cinturón de seguridad, que ya no podemos quitar, porque creemos que si tomamos las cosas con calma perdemos el tiempo…pero saben que, el tiempo se pierde como quiera, el camino es idéntico y de aquel lado del rio no sabemos lo que nos espera, por tanto, hasta el ultimo día de nuestras vidas estaremos respirando, (ojal y sea así), el mismo aire, contando las mismas horas, deslizándonos por los mismos segundos. Lo ideal seria dejar caer las vendas y no recogerlas jamás.
Tomamos la carretera, entre verdes, amarillos y grises del asfalto, al cabo de unos minutos todo se transformo en torres altas y congestión citadina. El viaje había terminado, en completa calma.




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*Colmado: Tienda de comestibles y artículos varios (Tipología de tienda muy utilizada en República Dominicana)
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