Vitaminas

Día 5
Inspirada en la canción “Vitaminas” de Janio Lora
Hoy todo tenía tonalidades amarillas o naranjas. Lo primero que vi fue el amanecer. El sol, muy descaradamente, me informó de su presencia al colarse por las cortinas de mi ventana. La verdad, es que no quise inmortalizarlo,  preferí quedarme con su sustancia. Llegando a la puerta del metro, me encontré al señor de las vitaminas. Me acerqué indecisa, como quien no quiere la cosa y le pedí mi jugo de naranja. Él me ofreció un sorbete, con el nombre de bombilla, pero yo descuidada al fin, lo tome de un sorbo directo del vaso. Seguí mi camino y recordé el letrero de la calle, ese que reza el titulo de este fragmento y se identifica con una sonrisa de avatar.
La mañana parpadeaba, entre necesidad y compostura. Recargué las pilas con los buenos deseos. De repente, vinieron malas noticias y entendí que las partidas son tristes. La necesidad de explorar, de conversar, de sentir la compañía, me transportaron a la heladería más cercana. Justo allí, empecé a conversar conmigo. El servicio pésimo, me trajo el mejor helado que he comido: Chocolate y frambuesa menta. Lo absorbí mirando fijamente un escaparate de una ciudad gringa. Junto al helado, me refrescaron cientos de sueños sentados a mí alrededor. Salí pisando el asfalto gris, tomé el autobús y volví de nuevo a casa.
No es posible, se me agotaron las vitaminas, los aviones y las distancias joden… 
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