Desconocida en Santiago

Han pasado y siguen pasando tantas cosas. Ni contarles de mi corazón. Ese si que esta de revoltoso. Anda saltando, bailando, escuchando. Se ha vuelto maduro, necesario, yo creo que es indispensable para mi cabecita cubierta de sol, sueños y esperanzas en una ciudad que llevo tan dentro. Me refiero a mi Santo Domingo, ¡si! ese mismo, el Santo Domingo que debe despertar y vestirse como realmente debe.


En mi media isla pasan cosas importantes y yo de este lado del mundo tan distante, lo observo todo.

Hace unos cuantos días hice algo que me hubiese gustado hacer en mi ciudad.

Estaba en la biblioteca trabajando; de repente vino esa ansiedad que mata y me fui a la casa. Agarré la bicicleta con mucho animo, para irme al parque. Me senté por largo rato en el césped y empecé a escribir sobre Santiago, una ciudad que se ha colado en mi presente, para escribir historias en pasado.

30-10-12

He venido a parar en ciudad prestada por cuestiones de la vida. Santiago me mira a través de sus calles. Hoy la siento olvidada en mi memoria. Para mi es olvidada, porque no la conocía. Aún me quedan tantas cosas para ser recordadas y por ser vividas. La verdad es esta; cuantas cosas ignoramos por saberse desconocidas.

Los transeúntes como gotas de aceite; la necesidad de no considerarme parte importante de algo cuando lo soy.

Estoy lejos de mi gente, soy un ser extraño que se disfraza con una piel heredada y sin tacones.

Quizás las letras, el reflejo del sol y saberme descubierta por desconocidos, me este haciendo temblar. La tinta es roja y me siento es mis aguas. Ciertas conversaciones invaden mi lucidez, porque soy incrédula de este objetivo.

Yo no quiero desparramar todo lo que estoy viendo. No quiero sepultar la imagen de este instante. Me cuesta no ver la calle el Conde, me cuesta pasearme ahora por los puentes que cruzan el Mapocho. A sabiendas de que esto no tiene nada de original siguen pasando las horas.

Yo prefiero destornillarme, agarrar algún embudo e irme con él. Este vuelco que ha dado mi vida, es absolutamente correcto. Quizas perdí las ganas de empatar el juego. No me refugié, en donde pude haber estado.

Temo que me instalaré en algún recóndito lugar con las hormigas, pues mi agujero externo en este momento esta roto y no hace mas que endurecerme la mirada, mientras huyo por las esquinas.


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El reloj marcó las 20:00 horas, regresé a casa con el animo en el cielo, la voluntad renovada y estas lineas en el canasto de mi bicicleta.
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