Vicente, mi razón de ser

Protagonista: Francesca Sophia Pinilla Leporati
Ciudad: Santiago de Chile


Por: Mairelys Domínguez Pichado
Fotografías cortesía de Juan Raul Liriano Guzmán


Lo que somos queda demostrado, mediante las acciones que realizamos a diario. Estas acciones nos definen a la vez que pueden cambiarnos drásticamente. Es preciso decir, que las transformaciones nos convierten en fuente viva de inspiración, especialmente cuando lo que predicamos constantemente es llevado a la práctica.

Así se escribe la historia Francesca, una joven de apenas 19 años que se convirtió en madre a los 15. La conozco desde hace algunos meses, desde que somos vecinas. En este lapso de tiempo, me ha demostrado ser una persona amable, por una señal; mantener una sonrisa a flor de piel en cualquier momento. No entendía el motivo de su sonrisa, hasta que un día lo descubrí.

Francesca sonríe porque tiene en sus brazos a Vicente, un jovencito muy especial. Él es risueño, espontaneo y muy simpático, sobre todo con las lolitas o chicas jóvenes como suelen decir por estos lados. Yo soy una de las afortunadas con Vicente, pues cada vez que me ve, me saluda, me regalonea (otro término chileno que significa amoroso).

Es normal encontrarnos a la salida o en el patio, tendiendo la ropa. Él dice “Hola” repetidas veces desde su silla de ruedas. No les había dicho (perdón) pero Vicente tiene una condición especial, un Retraso del Desarrollo Psicomotor (RDSM). Estas y otras cosas me las explico su madre, la tarde en que fui a hablar con ellos para conocer más de cerca su historia. En esta ocasión pude cargarlo y comprobar que es un niño inteligente y bastante inquieto. Me gustó mucho que Francesca de entrada me dijera: -Con mi vida se puede hacer un libro y no es para menos.

Ella vive con su madre, sus abuelos y continúa su relación sentimental con el papa de Vicente. Salió embaraza a los 14 años, mientras cursaba la secundaria. Al enterarse de la noticia, su vida dio un giro impresionante.  El embarazo transcurrió durante todo el año escolar y al llegar el momento de dar a luz, tuvo que abandonar las aulas. Mientras se expresaba, pude constatar que era una persona muy segura de sí, inteligente y decidida. Algunos recuerdos se esfumaron de su memoria, como los primeros 9 meses de vida del pequeño, porque fue una de las épocas más complicadas, ya que no se sabía a ciencia cierta cuál era la condición real del pequeño. Innumerables estudios médicos, consultas, trámites y diligencias rodearon esta temporada en la que ella tuvo que sacar el coraje suficiente para salir a flote.

Está muy claro, en este preciso instante ella sabe muy bien lo que quiere, esta consiente de sus fallas, pero más que todo de la responsabilidad que tiene en sus manos. Las opciones no pueden ser diferentes, mantener la resistencia física y emocional para avanzar con su hijo. 

El padre del Vicente es igualmente joven, está estudiando para ser kinesiólogo, por lo que acostumbra a darle masajes para fortalecer los músculos del pequeño. Aunque esta pareja no conviva directamente, ambos se ocupan del niño, lo llevan a pasear, salen juntos, se ríen, se divierten, hacen lo posible por ser felices. Este tramo recorrido ha sido un reto personal para ellos y sus familias.

En la actualidad Vicente es parte del programa TELETON, asiste a la escuela y tiene previsto ingresar a otra muy pronto. Mientras tanto, Francesca ha continuado sus estudios desde la casa y muy pronto si las circunstancias se lo permiten, continuará sus estudios universitarios. Me enteré de que es una excelente estudiante, tan juiciosa que aprovecha las horas que Vicente duerme para repasar sus lecciones.

Mientras hablaba con ella, me surgían muchas preguntas, pero una me parecía la más importante de todas. Quería saber de sus planes para el futuro y vaya que obtuve una gran respuesta, tan acertada que me marco mucho. Me dijo: -Cuando Vicente pueda valerse por sí mismo, cuando aprenda a caminar, en ese momento yo continuaré con mis planes.

Pienso mucho en lo que Francesca me dijo, no se trataba de ella, se trataba de Vicente. Su actitud esta sellada por la supervivencia, pero especialmente por tener el carácter para enfrentar un mundo lleno de estereotipos y apariencias perfectas, donde es común descuidar los sentimientos. A esto agreguemos que técnicamente ella sigue siendo una adolescente y su fortaleza le ha dado la madurez de un adulto. Para ella no existe un amor más grande, más puro y sutil en el mundo que ese pequeño regalo de carne y hueso, frágil como una esponjita suave que lleva por nombre Vicente.
 


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