Todo eso que callamos

Estamos aquí sentados a pocos metros de distancia, mirando fijamente las pantallas. Vivimos en la casita del fondo. Ese apartamentito especial que nos sirve de cobijo. Hoy estuve decorando un portavelas con rosa y negro. Tu encendiste una vela y el reflejo es impresionante, el aura es sobrecogedora. 

Encontré unas listas musicales exquisitas en la red. Reconocí algunas canciones del siglo pasado que me gustaron. Una de ellas es “Fly Me to the Moon”, esta vez no la cantaba Sinatra, estaba en voz de Diana Krall. 

Escuchar más música de esta cantante me motivo un poco, después de todo he pasado el día con el verde esperanza iluminando el rincón. Mi animo no es el mejor, pero he podido hacer algunas cosas importantes.

La verdad es que ahora suena un bossa nova…me fascina. Es la música más deliciosa del mundo, me provoca tantas cosas. Tengo algo en mente, pero las preocupaciones no me permiten dejar volar el cuerpo. Quisiera, pero ahora me concentro es retratar los últimos acontecimientos. Hace un rato me tomaste del brazo, me miraste a los ojos y bailamos tiernamente a la luz de las velas.

Hemos tenido dos noches especiales, ayer la luna nos visitó, tu le tomaste fotos, yo la mire atenta e indiferente. No se que pasa conmigo, pero me siento habitar un planeta extraño. Esta transición ha sido como un balde de agua fría, en mis adentros.No había mencionado que era invierno, lo siento en los huesos. Ayer lo sentí en los pies, porque estuvimos de visita en el cerro. La ciudad parecía un mar de escarcha, con algunas lagunas oscuras en su interior.

Mi cabello no se porto bien, mis incomodidades emergieron nuevamente y me sentí desabrigada. La mañana llego muy de prisa. El frío no me deja pensar, las palabras mudas de las acciones ajenas…

Sigo mirando la luz que refleja mi portavelas. Es una luz color rosa intenso tan hermoso. El rosa me empieza a gustar, pero no como un color, más bien por su esencia. Quisiera…nuevamente esa palabra mágica aparece para solucionarlo todo. Te miro y miras el atardecer, me preparaste chocolate caliente, me trajiste chocolate, me contaste de tus decepciones. Yo las guardo dentro de mí, las fundimos en una sola decepción.

Estamos unidos por el tiempo, el espacio y mis lágrimas recurrentes. Estamos unidos por la distancia de volver. Estamos aquí, dándonos todo. En la madrugada, no podías dormir, me llamaste y te respondí. Acaricié tu espalda, tu cabello, tu alma. Te dormiste como un niño y yo como una madre.

Escucho la música atentamente, mientras cabalgo en los recuerdos recientes de unas horas difusas que pasaran muy pronto a la próxima página de mi vida. Las horas pasan, mis treinta años se acercan.

Buenas noches.
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