Dos años sin ver Santo Domingo

Los lugares que nos ven crecer por dentro y por fuera se quedan adheridos a nuestra piel como un tatuaje.

Nunca voy a negar mis raíces humildes, vengo de una familia de agricultores. Mis abuelos campesinos de la zona norte de la República Dominicana, mis padres personas que emigraron a la ciudad para expandir sus horizontes. Es así como mi vida y la de mis hermanos se desarrolló en Santo Domingo.

Conozco esta ciudad casi como la palma de mi mano, quizás por haber estudiado arquitectura y recorrer con la materia de urbanismo muchos barrios. Quizás mi conocimiento se deba a mis visitas a compañeros de clases. Lo otro puede ser por haber vivido en distintos sectores de la ciudad: Urbanización Mi hogar, el Ocho y medio de la Sánchez, Los Praditos, Honduras, Manoguayabo y Las Caobas.

El tiempo se ha encargado de abrirme paso para conocer otros territorios, ahora vivo en Santiago de Chile. Regresé a mi país de vacaciones sobre todo para ver a mi familia. Al ver de nuevo la ciudad donde crecí, me encuentro con algunas sorpresas desagradables.

En la calle donde vive mi familia hay una competencia musical que consiste en subir el volumen a todo dar. Una bachata de moda, un merengue de los 80´s, un dembow. Los niños corren de aqui para allá. Siento que hay una religión consolidada, se llama Salón de belleza y se manifiesta a través de los tubis y las redecillas.

Me la he pasado visitando a personas muy queridas. Esta temporada es muy especial, la navidad nos transforma a todos. La verdad es que me siento diferente a la persona que vino a esta ciudad hace dos años. Remitiendo mis impresiones de Santo Domingo me atrevo a decir que no es el mismo.

La doña esperando si salio su quiniela o el pale para ver si se saco la lotería
La gente en las aceras estorbando el paso
Los camiones interrumpiendo el tránsito
La gente acelerada
Las nuevas plazas
Los nuevos centros comerciales
Las luces navideñas

La gente de clase alta con sus bríos y manías
La gente humilde
La gente pintoresca
El juidero del km 9
La efervescencia a flor de piel

Santo Domingo es efervescente

La plaza de la bandera llena de banderas
Los guagüeros de pintura
El mercado de Inespre

El taxista abusador
Ya de noche no hay tranquilidad

La avenida de las palmas es un túnel del que quieres salir
La gente decente del metro
Todo lo bueno dura poco

No me acostumbro a las lluvias pasajeras y luego ver como viene el sol.  Me desagrada un poco la gente entremetida que se apropia de las conversaciones ajenas, sin embargo, son detalles con los que he lidiado toda mi vida.

El carro público
La cerveza
La fiesta de Telemicro
Las mujeres con redecillas
La gente en Facebook subiendo fotos de la cena
Los cumpleaños
Los angelitos

En fin, venir en navidad ha sido un reencuentro cargado de intensas emociones personales.
Me encantaría volver en una temporada diferente para reconocer otras tendencias relevantes ajenas a las informaciones negativas de los diarios, disfrazadas por las fiestas que ya no podemos disfrutar como antes.

Santo Domingo va perdiendo su encanto, la gente ya no es la misma, la gente va creciendo sin raíces, sin valores, sin amor por la tierra, como herencia maldita de nuestros opresores.

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