La clase

Vi el anuncio cuando salí del metro, la clase era a las 21:00 horas. Dude un poco antes de ir, la necesitaba, pero no estaba segura del panorama que iba a encontrar. Me decidí, agarré la bicicleta y tomé la calle principal. A pocos metros de distancia vi un grupo de señoras que por su indumentaria parecían ir a la dichosa clase. Efectivamente, el grupo me orientó. Pagué, dejé mi bicicleta a un lado y me posicioné en mi lugar. El ambiente me fue llenando de energía muy despacio. El profesor llegó, comenzó la clase, euforia total. Miré a mí alrededor, casi todas eran mujeres, señoras, jóvenes, niñas y amas de casa, abuelitas y dos hombres. Los sonidos se mezclaban con mi sonrisa, el movimiento no me dejó pensar, bailé hasta que se acabó. ¡La zumba es buena señores!.

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