La jaula invisible

Hace unos días salí de la casa hacia un rumbo conocido, los días anteriores fueron una tormenta de irracionalidad. Los fantasmas del pasado ya no me visitan. Me imagine dentro de una jaula, encarcelada sin ningún motivo aparente. Salir de ese encierro imaginario para respirar el oxígeno que me proporcionaba el exterior hizo que mi cabeza flotara por unos segundos. Las puertas abiertas provocan un estado de alucinación fascinante. Se pueden ver todos los escenarios posibles, desde alas más grandes, hasta los vuelos que estas pueden generar. Es un momento de lucidez tan cierto que se puede tocar el destino sin haberlo vivido.

La fuerza de la imaginación arremete contra el miedo profundo y suaviza cualquier superficie. La idea de elevarse con algunos elementos como la esperanza nos mantiene firmes. Somos capaces de hacer añicos esas rutinas de desencanto, esa manía de hacer nudos en cuestión de segundos para hacernos tropezar.

De repente la lucidez se viste de gala, te tiende la mano y te invita a caminar.
La jaula nunca debió atrapar la libertad, al contemplarla desde lejos la veo arder en llamas.

Fuente: Blancucha, via Flickr
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