En el metro

Subí al metro. Tenía muchos asientos disponibles, así que me instalé cómodamente. De momento, empecé a tomar conciencia de mí alrededor. A mi lado iba una monja, frente a ella un hombre bien vestido, al que llamaré Señor bien y frente a mí un asiento vacío.
El señor bien con su aire omnipotente no soltaba el teléfono celular dando instrucciones a su secretaria a la vez que daba referencias de su ubicación y de su llegada. La monja con su aire confidencial, no dejaba de anotar en un cuaderno las cosas que observaba a su alrededor. La curiosidad me mataba, pero solo me limité a mirar de reojo lo que escribía sin poder descifrar nada, soy corta de vista.

Con estas tres auras en la agrupación de asientos exclusivos para cuatro personas, el ambiente se tornó intenso. Los pasajeros que iban de pie miraban disimuladamente a la monja, al señor bien o tal vez a mí, quien sabe. En la siguiente estación llego el cuarto integrante, un joven que figuraba tener unos 33 años a lo menos. Al quedar ubicado frente a mí, le mire las uñas, el pelo largo, los gestos, sus cejas bien formadas. A fin de cuentas, no él, era “ella”. La sinfonía del cuarteto llego al climax cuando “ella” miraba la monja, la monja miraba al señor bien, el señor bien miraba por la ventana y yo les hice esta fotografía instantánea con palabras.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s