De Aravena, Arquitectura y otras hierbas personales

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Alejandro Aravena. Imagen vía: TED Talk

Me pongo a pensar en los caminos que tomamos para alcanzar nuestros objetivos de vida.

Es cierto que tenemos la potestad de cambiar de rumbo en cualquier momento y que todo depende de nuestra madurez emocional para asumir los retos.

Hace poco me sorprendió la noticia de que Alejandro Aravena había ganado un premio tan importante. No me sorprende por la calidad de su trabajo que es sin dudas brillante. Me sorprende porque vivo en Santiago de Chile y vine a estudiar un postgrado en la Universidad y en el Campus donde él estudió y ha sido docente.

Me viene a la mente la palabra condiciones. Pienso: ¿Qué hace que los individuos tengan esa convicción tan fuerte? Creen en su trabajo, los apasiona, lo aman, lo defienden. Saben lo que quieren, lo persiguen y terminan exaltando más que nada su capacidad. Hablo desde una cierta ignorancia, porque no conozco en profundidad toda la trayectoria de esta persona a quien tomó de ejemplo para esta especie de análisis (Estoy cada vez más interesada en ello).

Mientras estudiaba el Magíster en Asentamientos Humanos y Medio Ambiente en la Pontificia Universidad Católica de Chile (Que llamaré PUC o UC en adelante), tuve la oportunidad de participar en una revista llamada Planeo que está dirigida por estudiantes. Yo me encargaba de las reseñas. Hice varias de estas y recuerdo precisamente una sobre la pelicula Urbanized (Ver reseña aquí) donde sale Aravena como la primer historia o el primer caso de la pelicula. Esta era mi única referencia de él, hasta que un día, en un seminario en el que participaba el economista Manfed Max Neef lo vi sentado muy cerca de mí en la escalera porque ya se habían agotado los asientos disponibles.

Mi reconocimiento de la obra de Aravena fue hace poco tiempo. Una noche conversaba con un amigo de mi esposo y nos hizó referencias de arquitectos chilenos connotados. Al referirse a él y sus edificios, me vino a la mente uno de los que había visitado recientemente en el campus San Joaquín de la UC (campus donde trabajo actualmente). Me refiero al Centro de Innovación Anacleto Angelini. Siempre me sorprendió este edificio. Tiene carácter, sencillez y una gran presencia que se destaca desde la salida del metro.

Es la misma impresión que tuve al llegar a Chile cuando vi el edificio de las Torres Siamesas en el mismo Campus. Me agradó la arquitectura limpia y contemporánea de este edificio en la UC.

Aquí entro yo…

Más allá de mi sorpresa y mis cimientos profesionales vinculados con la arquitectura. Debo confesarme una persona más cercana a la naturaleza y a la decoración efímera. Creo que alguna vez me sentí entusiasmada por la carrera y llegué a soñar mucho. ¡Creánme! estuve realmente interesada, vinculada y hasta comprometida con ella. Sin más ni menos, todo cambió. De repente perdí el interés real, culpa que debo adjudicar un poco a la escuela donde me formé. No por un tema de calidad, sino más bien por algunos docentes que no me sirvieron de motivación.

Se lo puedo achacar al sistema tan deficiente con que está regida la universidad de donde vengo y por último me lo achaco a mi misma por dejarme arrastrar hacia la completa desmotivación. Es importante aclarar que no incluyo a todos los docentes en el mismo costal. Siempre hay y habrán maestros a carta cabal que se esfuerzan por dar lo mejor de sí, con criterio y calidad. Yo solo tuve un par de estos casos durante todo mi recorrido universitario. Creo que las desilusiones pesaron más.

Siendo sincera, nadie es culpable, uno mismo se da cuenta de lo que quiere, para lo que sirve y para lo que no. ¡Y ojo! esto no es una comparación, es simplemente una apertura a la búsqueda de rumbos bien direccionados.

A mi me ha costado mucho encontrarme con mi esencia. He caminado de aquí para allá, tomando buenas y malas decisiones. La arquitectura ya no me apasiona, la escritura es una necesidad de mi alma, la decoración y la tierra son mis vocaciones. El detalle es mi expertis.

Todas estas experiencias han hecho que pueda visualizar un camino menos borroso o difuso. Las aspiraciones intelectuales, la grandeza o el análisis también formaron parte de este sueño. Ninguno de estos se ha difuminado en el paisaje. Ha costado mucho pero se sigue despejando el camino.

Por fuera de mí

Me invade la felicidad al saber que no muy lejos, que no tan cerca, hay personas con un potencial enorme para alcanzar lo que desean. Que lo más importante es que recorren un camino con dirección. Que ese recorrido se hace con firmeza, sin conformidad, sin recibir las críticas con resentimiento, respetando las opiniones contrarias. Haciendo caso omiso de los detractores.
Me da mucho placer reconocer la obra de un arquitecto chileno, latinoámericano que representa al mundo. He vuelto a sentir la arquitectura, a respetarla y valorarla en su forma más pura. No como un artilugio o como un cuerpo sin vida que se muestra a diferentes generaciones, sino más bien como un enjambre de personas felices tejiendo esperanzas.

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