Una Primavera en el Norte (Parte 1)

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Sacré Coeur en Montmartre, París

Algunos sueños pueden volverse realidad cuando todas las piezas encajan a la perfección. Esto me ocurrió hace poco.

Desde adolescente soñaba con conocer Europa. Era lógico, pues con solo 17 años empecé a estudiar Arquitectura. Estaba enamorada de todo lo que veía en los libros, el pasado y el presente en constante evolución.

Han pasado los años, veo todo eso tan distante. Muy distante. Es como si no hubiese ocurrido. Siempre tuve la tendencia a no recordar aquello que no me interesaba. Creo que aprendí a registrar emociones, sentimientos y comportamientos de las personas de forma absoluta. En verdad, me hastío con facilidad de los patrones.

A lo mejor por eso nunca pude memorizar algunas cosas. Olvidé estilos, formas, épocas y acontecimientos importantes de la humanidad para concentrarme en las frecuencias triviales que arrastra el nudo inevitable de la madurez.

Mi ida al viejo continente no tiene conexión alguna con las cosas que soñaba en aquel tiempo. Esta vez el escenario está muy distinto. Vivo en Sudamérica. El viaje fue por trabajo, pero aproveché cada momento para encontrarme con la Mairelys que había perdido.

Creo que la encontré en una banca de la Basílica del Sagrado Corazón en París. Justo ahí me senté con ella a conversar. Era bueno lo que tenía que decirme, en especial cuando su corazón se encontraba tan cerca de su abuela.

Volví tres veces a ese lugar para buscarla. Me di cuenta de que ya no es la misma. Me sorprendía que tuviera puntos de vista paralelos y de que haya logrado darle vida a un álter ego llamado Andaluci. A esta nueva Mairelys con alter ego incluido, la venia persiguiendo desde la secundaria. Ahora es portadora de varias facetas: Es florista, decoradora y sigue enamorada de la poesía tangible  que acontece todo el tiempo. La escritora oculta solo quiere que le presten los dedos para lanzar al vacío algunas historias. Por su parte, Maire a la que menos conozco y con quien paso más tiempo aún demuestra esa inseguridad que le caracteriza.

Todas las Mairelys conocieron París, la ciudad de la luz (Confirmado).

Continuará…

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