Cuando me vestía de amarillo

Lo que fuiste en algún momento volverá a ser revelado.
Como esos negativos de las fotos que no creemos que existen,
pero se conservan en algún cajón olvidado.
Cada mañana se vuelve espinoso salir.
El filtro de añoranza que estuvo de moda, ahora no quiere partir.
El desaliño más la cuota de comodidad no deciden en qué orden quieren ir.

El gris gana la partida, o los verdes y azules siempre están a la ofensiva.
El contraste es irrebatible, pero la memoria ya no es comprensible.

Antes
Caminaba sin miedo por direcciones conocidas.
Subía escaleras, las volvía a bajar y regresaba a casa.
En el armario muchas piezas aguardaban.
Las más solicitadas incluso si se desteñian eran las que más saltaban a la vista.
Eran como rayos de sol entrando por la ventana sin intención de huida.

Ahora
Despierta en las mañanas sin un rumbo específico.
Ya no tiene los sobresaltos de la colectividad.
No le interesa llenarle los ojos a ningún ser,
ni complacer peticiones.

Siente que la explosión de algunos años está ausente.
Su dosis de tranquilidad es cada vez más consciente.

Siempre quiso algunas cosas.
Justo las pequeñas cosas que clarifican.

Ya no tiene nada que mostrar,
porque cada experiencia es más rica cuando
la pasa por el nuevo filtro de sus ojos.

Es un nuevo modo de sobrevivir,
Más mecanismos y menos códigos que interpretar.

Ya no es la chica que vestía de amarillo.
Resulta que de vez en cuando,
solo quiere arropar su alma con ese viejo vestido.

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Jcomp - Freepik.com

 

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