En la ciudad

 

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Photo Unsplash by Samuel Zeller

 

La ciudad es un ser viviente que respira mientras la habitamos. Hacemos uso de ella de mil formas. El otro día me subí a una micro para hacer una diligencia. Era una tarde apacible de primavera, justo antes de que se formara el taco gigante de Santiago.

Subiendo desde Baquedano a la comuna de Independencia, pude ver varios momentos de los transeúntes. En el parque forestal muchas personas hacían picnic. Unos se recostaban en el suelo a dormir un rato. Otros aprovechaban para expresar las muestras de cariño, a plena luz del día. Todo era muy transparente. Es como dice una amiga: Todo tiene muchas capas. En el parque muchas tribus urbanas invadían el pasto y la sombra de los árboles. 

A medida que seguía el recorrido podía notar las transiciones que se dan en la ciudad. Más allá una chica de pelo oscuro caminaba con un chico. Por la vestimenta podían ser perfectamente hípster que trabajan en el centro. 

Una vez en el centro todo se fue volviendo más ruidoso. Los comercios abiertos, varios locales vendiendo. Vi muchos plátanos machos y maduros en puestos de peruanos. Los inmigrantes están cada vez más presentes en esta ciudad. 

Una lentitud pasmosa hacia más lenta la marcha. Fuimos entrando en otras zonas donde la industria estaba más presente. Las viviendas eran más humildes y el paisaje se volvía más borroso. Poca gente en las calles. Más autos y más carteles.

Al llegar a mi destino, tomé todo con mucha calma. Me saltaré todo esto para contarles de mi regreso a casa. 

El cansancio pudo más. Me pedí un Uber.

Todo iba muy bien hasta que ¡pucha! me agarró la hora del taco.

Regresamos por algunas calles desconocidas. La lentitud de las horas desesperadas me revuelve el estómago. Conforme avanzaba el tránsito, la conversación con el chofer se fue entablando. ¿Qué quién soy? ¿Qué de dónde soy? ¿Qué hago en Chile? Como de costumbre, estas son las preguntas básicas para una extranjera con acento caribeño distorsionado.

Antes de llegar a casa le escribí a bobio.: “Necesito relajarme”.

En verdad, la calle y su lentitud me aturden.

Al llegar a casa traía en mis manos un manojo de aprendizajes. Me esperaba un baño tibio y una reflexión que perdura hasta este escrito. Como manejarse de forma inteligente en la calma.

El mundo en que vivo no lo esperaba. Va de prisa. Es el mundo que elegí vivir.

 

Santiago de Chile. Octubre 2016.

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